¿Qué nos hace avanzar sino? ¿Cuál es nuestro motor? Dar forma al pensamiento.
¿Dónde comienza la plástica y dónde acaba la realidad?¿Dónde la fotografía y dónde la vida?¿Donde nosotros y dónde nuestro entorno?
Nuestros paisajes mentales tatúan nuestro sensor desde lo real. Nuestro cerebro quier ser contemplado y leído. Cada foto nuestra es en realidad palabra muda de nuestro lenguaje personal, que es en realidad nuestro ser. Y por ello fotografiamos o realizamos algún atrevido fotomontaje de varias de nuestras fotos. Como éste.
No soy partidario de los fotomontajes, pero partiendo de tres fotos reales de París y Barcelona quise plasmar un momento dramático, el momento en que un personaje semioculto en la noche descubre paralizado por la sorpresa, el pánico, el desencanto ...que su esposa se halla con el Otro.

Os dejo con Borges:
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.






























